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¡Nos caemos del mundo! junio 8, 2008

Posted by Lodovico Settembrini in El Reino de este Mundo.
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Al grito de ¡Nos caemos del mundo!, el sentido común nacional nos advierte periódicamente del peligro que se cierne sobre la Argentina. Cualquier motivo es suficiente para poner al país al borde de un abismo aterrador. Que tal política espanta a los inversores, que esta otra declaración nos enemista con el primer mundo, y así hasta el infinito. En general dichas predicciones provienen de la pluma del conservadorismo argentino, pero no es raro encontrar también en esta cruzada al progresismo bienpensante.

La construcción de la imagen del país se hace a partir de otra construcción, instrumental ella, del mundo y de otras naciones. El par opuesto se utiliza como cifra de la anomalía argentina, como criterio de distinción y comparación que hace patente nuestras debilidades y errores. Ahora bien, la carnadura real de este marco de comparación es continuamente sustituido. En el bazar de los países modelo, las ofertas se suceden una tras otra, y el patrón de consumo de estas mercaderías es azaroso. En los años noventa no se podía hablar de Brasil por su estatismo, proteccionismo y nacionalismo. Hoy en día, los mismos que nos advertían sobre el vecino nos aleccionan sobre sus virtudes (que no son las anteriores) de ortodoxia económica. Chile es otro caso: que la estabilidad política, que los consensos, que su crecimiento económico, su respeto al status quo internacional, etc.

Una práctica cultural histórica es la que rodea los contactos de las misiones diplomáticas extranjeras acreditadas ante la Argentina con representantes de diversos sectores de la vida nacional. Por lo común, estas relaciones tienen como protagonistas del lado argentino a lo más granado de la derecha. Y estos contactos ofrecen la oportunidad de buscar aliados para la agenda interna. En la visita de un influyente político de una gran potencia, en lugar de inquirir sobre la política de su país para la Argentina y la región, se le enumeraron uno por uno los errores del gobierno nacional y su malvada política agropecuaria. Al tipo  le saltaron los lentes de vergüenza ajena. Frente a un general extranjero se desgranan todas las debilidades del aparato militar nacional, su falta de equipamiento, mientras al visitante no le dan las manos para anotar lo que le cuentan.

Pero no era de este (no encuentro mejor palabra, disculpen uds. su uso) cipayismo – cipayismo for free, porque ni siquiera es pago en la mayor parte de los casos; mera colonización intelectual – de lo que quería escribir. Ni del sólo recurso de la diplomacia extranjera a estos sectores, lo que lateralmente demuestra el “profesionalismo” de muchas de estas embajadas.

No, lo que quería decir viene a cuento de la supuesta intrascendencia del país en los marcos internacionales. Lo que nos lleva al tema de las capacidades y la posición relativa argentina. Podemos volcarnos al pensamiento mágico y creer que el desarrollo es pura consecuencia de la voluntad: siguiendo los manuales de autoayuda para el desarrollo, tomar el ejemplo de las experiencias que nos presentan Bucays, Oshos y Coelhos de distintas cepas, y cerrar los ojos y pensar bien fuerte “entramos al mundo desarrollado, somos occidentales y cristianos, serios ciudadanos de un mundo sin historia”. El problema con tal voluntarismo aparece porque uno puede estar en el primer mundo, digamos, en 1999, y dos años después haberse convertido en algo parecido a Côte d’Ivoire o Liberia. “Amigo Settembrini – me dice Hans Castorp – voy a empezar a dudar de su lógica, ud. está pasando demasiado tiempo junto a Naphta. ¿O las condiciones materiales de su país han cambiado? ¿Sufrieron uds. un ataque nuclear que los retrotrajo a la era de piedra?” No, pero se pareció bastante.

Todo lo anterior viene a cuento a partir de una nota que publicaron los tanos hace unos días. En ella se lee: “…quanto tempo impiegheranno i nuovi protagonisti dell’ economia mondiale a raggiungere i Paesi sviluppati dell’ Ocse? Poi la Federazione Russa e l’ Argentina in 17 anni. Quindi la Polonia in 22 anni, la Cina in 23, la Romania in 24, l’ Ungheria in 26, la Turchia 28, l’ India 50 e il Messico 55, la Nigeria 74. L’ Egitto, invece, ci impiegherebbe 118 anni, il Brasile 119, il Pakistan e le Filippine 159, il Bangladesh 163 anni, l’ Indonesia 181…”
Entonces lo consulté a Dani, que trae una buena discusión sobre el informe, y un link al Growth Report.

Sólo me interesan puntualizar dos cosillas, y lo hago robando los gráficos del informe:

Más coyuntura interna, para los talibanes de la utopía a-histórica agroexportadora: chequeen el cuadro de abajo: la era de oro del país agrario parece haber estado bastante rezagado respecto al período de la ISI y el actual.

Y este otro: el crecimiento es urbano, mal que le pese al frente común agrícolo – maoísta (by de way, estos últimos deberían releer la experiencia china en el decenio 1927 – 1937…)

Entonces digo: ¿por qué razón debería caerse del mundo un país con esas capacidades? ¿O es serio comparar la experiencia argentina con la de un país sin industria, donde una parte importante del presupuesto va directamente a los militares, sin capacidad civil para fiscalizarlo? De nuevo, la construcción de la personalidad es un proceso co-constitutivo, y a veces, para algunos, es preferible esconder la ropa sucia del modelo propuesto. Pronto lo vamos a tener a “organizo asados para genocidas en Victorica” Morales Solá diciendonos que ésto no es una aberración del sistema político chileno sino la indebida influencia del kirchnerismo sobre países vecinos. Y aunque la noticia salió en un medio venezolano, ¡qué mala suerte!, es de un feroz antichavista.

Otro día hablamos de la IV Flota y el Consejo de Defensa Sudamericano y – aunque el mediopelismo no pueda entender esto -, yo no me haría ilusiones con Chacho Obama… sabemos cómo terminó la Alianza para el Progreso.

Bolivia mayo 1, 2008

Posted by Lodovico Settembrini in El Reino de este Mundo.
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La historia moderna de Bolivia aparece punteada por los ciclos de auge y decadencia de un sector económico particular. Y el cambio del eje productivo se ha expresado geográficamente. En 1899, el fin de la era de la plata y el surgimiento de la rosca del estaño de los Patiño, Horschild y Aramayo, significó, previa solución del conflico manu militari, el traslado de la sede del poder político de Sucre a La Paz. En la historia del régimen surgido de la Revolución de 1952 esta traslación deja de expresarse geográficamente: aquí el poder se escapa del movimiento obrero organizado y el MNR original hacia la alianza del ejército reconstituido con los campesinos beneficiados por la reforma agraria.

El referéndum del próximo domingo en Santa Cruz de la Sierra apunta en esta dirección, pero añade una dificultad inexistente en crisis anteriores. Si bien el Estatuto puesto en consideración ha sufrido cambios que liman sus aristas más radicales, su núcleo elimina casi por completo las atribuciones del gobierno nacional. Los puntos de conflicto de las normas respecto a su jerarquía jurídica abundan, sin remitir a una instancia superior de resolución.

La virtual expulsión del poder central de los asuntos departamentales puede tener su origen en el temor de las oligarquías locales al escenario abierto con la llegada de Evo a la presidencia. Pero lo cierto es que en la actualidad el discurso autonomista logró convertirse en el aglutinante de una cadena equivalencial de demandas (también por acá anduvo don Laclau) que escapan a su pecado de origen.

La relativa holgura de recursos de todo tipo en manos de los cruceños sobresale frente a las dificultades del gobierno nacional. Parado en el vértice de fuerzas débilmente articuladas (nada más expresivo que la corporización de esto en las figuras de García Lineras y Choquehuanca), Evo no puede evitar el espasmo como signo distintivo de su política. Se acaba de anunciar la nacionalización de cuatro empresas petroleras (una de ellas de Repsol), algunas con sede en Santa Cruz. Otro probable frente de ruptura entre el gobierno nacional y el departamental (art. 7, 12 del Estatuto autonómico)

Bolivia aparece como la principal fuente de inestabilidad en la región, en medio de un ciclo de crecimiento inédito. Obliga, entonces, a pensar el papel de la Argentina y del Brasil. Por un lado, el dilema de Brasilia gira en torno a la oportunidad de poner realmente en práctica lo que hasta el momento no es más que el mero discurso sobre su liderazgo. Para esto debe decidir pagar los costos, discusión no saldada todavía si escuchamos a Celso (o Brasil precisa ser generoso e não imperialista na relação com seus vizinhos) rechazando, una vez más, el motete de imperialista de la política exterior brasileña. La Argentina, por su parte, y más allá de la existencia de grupos bolivianos que postulan la incorporación de sus departamentos a nuestro país (el más connotado es el “Veinticinco de Mayo”), necesita reflexionar sobre el modo en que, palabra maldita, su intervención conjugue el apoyo a la unidad de Bolivia y su gobierno legítimo, la reducción de las tensiones y la protección de intereses concretos y legítimos (provisión de energía, estabilidad regional, democracia)