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Adiós al Progresismo! marzo 30, 2008

Posted by Ravelstein in El Reino de este Mundo.
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Adiós al Progresismo!

“El hombre moderno es un gigante ciego. La duda respecto al progreso condujo a una crisis de la civilización occidental en su conjunto porque, a lo largo del siglo XIX, la vieja distinción entre bueno y malo, o entre el bien y el mal, se había remplazado poco a poco por la distinción entre progresista y reaccionario. Ninguna distinción simple, firme y eterna entre los bueno y lo malo podría dar seguridad a aquellos que aprendieron a orientarse sólo a través de la distinción entre progresista y reaccionario, desde el momento en que esas gentes comienzan a dudar del progreso”.

La cita es de una conferencia de Leo Strauss en la Universidad de Chicago. Luego de leer la conferencia (Progreso y Retorno) uno termina de convencerse que ser progresista simplemente carece de sentido. En definitiva lo de progresista siempre fue sospechoso como si quien se dice “progre” tuviera cierto pudor en reivindicarse de izquierda.

Claro que ésto lo arrastraba hace rato, desde que leí algunos textos de H. Arendt en Sociales (Ideología y Terror/La Crisis en la Educación). Izquierda y progresismo son cosas conceptualmente diferentes. Estamos obligados a hacer juicio sobre la realidad de manera un tanto más sofisticada que simplemente descalificando de conservador al interlocutor.

Pero el problema simplemente se transforma, se hace más complejo. Qué es la izquierda entonces, si ya no es ser progresista? Hasta ahora el más convincente, para mí, es Bobbio: ser de izquierda es, básicamente, una actitud político/moral que privilegia entre los hombres aquellos atributos que los hacen iguales y tiene como objetivo principal de sus acciones disminuir las desigualdades que son consideradas predominantemente sociales antes que naturales. Por eso el brillante de Strauss es, sin duda, un hombre de derecha.

Recobramos algunas de las certezas que se habían evaporado. Por lo menos hasta que uno llega al trabajo y se vuelve a preguntar, entre memo y memo (y éste es el tema que más me interesa): Qué es ser de izquierda en política exterior? Pánico.

Para intentar responder primero hay que diferenciar la política exterior de la política a secas. Lo del manual: la anarquía del sistema internacional. En cualquiera de los planos del sistema internacional que nos movamos encontramos que es un sistema (y por lo tanto tiene un cierto orden) de auto-ayuda. Entonces, qué significa ser de izquierda en un sistema de auto-ayuda?

Empecemos por las la doxa. Cierta acusación de periodismo/política (ésta y ésta) sobre la Cancillería es que sus integrantes son de derecha porque no apoyan 100% la integración. Ergo Integración=Izquierda. Lo primero que nos debería hacer dudar es que la integración por estos lares fue un proyecto más bien de derechas. Se dirá que ahora es otra integración, más profunda. Pero qué pasaría si uno comenzara a sospechar que  la integración entre países estructuralmente asimétricos y donde, para colmo de males y sin mecanismos relevantes de compensación de las asimetrías estructurales – y de políticas públicas! – (lindo Artículo del INTAL sobre el tema)  conduce a un resultado que podría reproducir los problemas que se querían superar.

Si a la izquierda le interesa la industrialización supongo que no es porque sienta un amor particular por las líneas de montaje post-fordista sino porque la industria no sólo crea más empleos que otros sectores sino que existe suficiente evidencia empírica de que los empleos creados son mejor pagos y con mejores condiciones laborales que en el sector primario. Y ésto  reduce la desigualdad que viene a ser lo importante del asunto.

Ahora si uno detectara, siendo de izquierda, ciertos problemas con nuestros mecanismos de integración que por esas diferencias estructurales entre nuestros países y por la estructura misma de la integración del Mercosur, deberíamos callarnos? Creo que, en vistas de eso de la auto-ayuda no es razonable esperar que la FIESP nos llame la atención sobre esos temas, o si?  Ser de izquierda, entonces, no es necesariamente no poner reparos a la integración. Todo depende qué tipo de integración y con qué objetivos.

Mario de Palermo últimamente suele ser muy certero en sus análisis de la casa (éste por ejemplo). Es verdad que la matriz profesional de ‘la casa’ es realista (haciendo cálculos quienes son embajadores tienen como mínimo –y eso es raro – 24 anos de carrera). Esa gente se formó y trabajó en otro escenario internacional.

Pero la izquierda no puede ser ingenua frente a lo que significa un sistema internacional anárquico. Algo de realismo uno debe conservar, al menos como reflejo. Me refiero a que existe cierta sabiduría del realismo que uno no debería descartar livianamente (Acotación al margen: espero que Mario ya no piense que somos el cuerpo profesional más mediocre de la administración como en este editorial)

Ahora si pensáramos en izquierda = anti-imperialismo. Aun diciendo que los de la URSS no era izquierda de verdad, me parece que en el fondo del asunto, de vuelta, el valor que uno defiende es el de cierta igualdad de los actores, en este caso estatales.

Claro que para tener derechos uno debe habitar cierto espacio reglado con posibilidad de recurrir a la (alguna) autoridad. Hoy en el sistema internacional existen instituciones capaces de ejercer de forma limitada esta función pero nadie debería dejar de tener en cuenta como esas instituciones reflejan y reproducen las asimetrías de poder . Para uno cierta igualdad se requiere, hasta cierto punto, ser capaz de acumular suficiente poder (en varios planos) como para poder asegurarse ese trato de igualdad. Pero ésto, para ser cabalmente de izuiqerda, debería ser complementado con el compromiso de no usar ese diferencial de poder contra aquellos estados más débiles.

Y si ese proceso de acumulación de poder requiriese, por ejemplo, entrar en negociaciones con estados que violan los DDHH?

Probemos otra fórmula, izquierda = antimilitarista. Ruth Diamint nos decía en el ISEN que las FFAA son un seguro que uno paga con la esperanza de no usar. Un seguro carísimo pero necesario. La izquierda debería repensar seriamente su relación con las fuerzas armadas desde un lugar que no sea la antinomia porque el mundo es un lugar peligroso y, ojalá nunca sea necesario, pero cuando uno los necesita no tiene tiempo de formar generales. Eso sin meternos en temas, creo que más discutibles, como el prestigio internacional que puede redituar participar en misiones de paz o estabilización de la ONU.

Cambiemos de escala. Tal vez ser de izquierda signifique, simplemente, perseguir aquellas políticas que sistemáticamente disminuyen las diferencias sociales entre los ciudadanos de nuestro propio país? Supongamos que uno combinara esta posición con la de una búsqueda de igualdad entre los estados en el sistema internacional: de izquierda sería la política exterior que persiga en el plano interno una disminución de la desigualdad y en el plano externo una acumulación de poder al mismo tiempo que una afirmación del derecho internacional sobre la base de la igualdad soberana de los estados.

Qué pasa entonces con los ciudadanos de otros países? Cómo mirar desde la izquierda la posibilidad de hacer negocios, por ejemplo, con Guinea Ecuatorial (un régimen que hace estas cosas) si con esto lográramos hipotéticamente fortalecer a ENARSA, obtener la energía que requerimos para (re)industrializarnos y por lo tanto fortalecer nuestra situación relativa de poder sin violar el derecho internacional?

Empantanados.

Vayamos a la teoría. Los realistas y liberales (que en esto se diferencian solamente en cómo cuentan los porotos) simplemente niegan todo el asunto: la política exterior carece de moral y los estados se guían por sus intereses.

Pero Walzer dice algo interesante para contraponer a esta perspectiva: “[sometimes] strategic arguments about what is possible or necessary are a facade behind which political and military leaders act out their deepest moral and political convictions”. El ejemplo del texto es interesante: durante el debate que tuvo lugar dentro del gobierno británico sobre el bombardeo a objetivos civiles en la segunda guerra mundial se expresaron las dos posiciones, pro y contra, en términos exclusivamente estratégicos, nada de chachara moral. Sin embargo luego de la guerra los funcionarios que defendían cada una de las políticas se convirtieron, en su gran mayoría, en parte de los partidos Conservador y Laborista, respectivamente. Todo esto para dejar en claro que es imposible escapar al debate sobre “la ciudad virtuosa”, diría Strauss, aún cuando uno cree que sólo suma porotos.

Walzer brinda cuatro proposiciones para una política exterior que son interesante para discutir:

1) La primer obligación de un estado es para con la libertad, seguridad [y prosperidad/igualdad deberíamos agregar] de sus ciudadanos

2) La segunda es no hacer daño a los ciudadanos de otros estados o reparar el daño causado.

3) La tercera es ayudar a esos ciudadanos, cuando fuera posible, a escapar a los desastres de la vida colectiva (genocidios, limpieza étnica, etc.)

4) La cuarta ayudarlos, cuando quisieran ser ayudados, para construir sistemas políticos no-represivos.

Walzer escribe para los EEUU y por lo tanto más adelante en su ensayo, si bien se pronuncia por la preferencia de las acciones multilaterales, dice que es aceptable la intervención unilateral cuando la intervención multilateral no es efectiva. En nuestro caso deberíamos agregar una 5ta. obligación propia no sólo de estados medianos en el sistema internacional sino de una política de izquierda:

5) Una política exterior que defienda el desarrollo progresivo del derecho internacional y actúe dentro de sus reglas.

Walzer agrega sabiamente que “[…] the inability to act in one case doesn’t require a state, for the sake of moral consistency, to refuse to act in other cases. Prudential calculations may sometimes preclude intervention even in the face of crimes against humanity but that fact can’t be used to justify inaction in cases for which the same calculations produce a different result”

Mejor dicho: cuando estos preceptos entran en contradicción y la realidad de la política (internacional) fuerza ciertas definiciones entonces vale lo de M. Ponty tal como lo explica Rinesi “Pues bien Merleau-Ponty no sólo no se escandaliza frente a la indicación maquiaveliana de que el Príncipe debe estar preparado para, llegado el caso, “no ser bueno”, no sólo no considera a esta indicación el momento en que las consideraciones ‘políticas’ se imponen sobre los dictados morales, sino que apunta que este ‘precepto de política’ que manda conservarse dueño de sí frente al universo de los valores morales ‘bien podría ser la regla de la verdadera moral’. Es decir: que no sólo el mandato maquiaveliano de la flexibilidad frente a los dogmas morales no constituye un argumento de la política frente a la moral, sino que constituye un argumento moral. Porque en efecto, no se trata de que a veces convenga ‘no ser bueno’, sino de que, cuando ése es el caso, ‘no ser bueno’ es el único modo de ser verdaderamente bueno”.

Lo que nos queda para esas situaciones es la capacidad de hacer juicio sobre la acción política y publicarlo (rezando por que nuestros jefes sean más bien Kantianos). Un juicio que debe ser mucho más complejo que la división binaria del campo entre conservadores y progresistas como si fuera una clara línea entre buenos y malos.

Yo me siento bastante cómodo con estos principios pero escucho propuestas.

Comentarios»

1. Adolfo Rocha - abril 1, 2008

Hola a los editores de “La cola del diablo”: soy Adolfo Rocha, periodista, y los descubrí porque han tenido la gentileza de linkearme en vuestro blog (“Tiempos Modernos Latinoamericanos”) y en el contador son el sitio que más entradas me reportó durante el día de ayer.
Les agradezco tenerme en cuenta, y prometo seguir leyendo los artículos y dejar los comentarios correspondientes, como es debido.

2. Lodovico Settembrini - abril 1, 2008

Gracias Adolfo, nosotros también te leemos


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